lunes, 18 de abril de 2016

La Agricultura Orgánica en el Siglo XXI

En 1971 el Secretario de Agricultura de los Estados Unidos, Earl Lauer Butz dijo:

“Antes de que volvamos a la agricultura orgánica en este país, alguien debe decidir quiénes serán los 50 millones de Americanos que vamos a dejar morir o pasar  hambre.”

Fig. 1| Earl Lauer fue secretario de agricultura en la administración de Richard Nixon y Gerald Ford hasta el año de 1976. En la imagen se lo puede ver a un lado de Richard Nixon en la Casa Blanca.

En aquel momento de principios de los setentas, ésta era la visión oficial respecto a la agricultura orgánica y, en gran medida, la concepción de muchos científicos [1]. Sin embargo, al paso del tiempo, esta mentalidad ha ido cambiando y la adopción de la agricultura orgánica alrededor del mundo ha comenzado a crecer. Desde mediados de los noventas, se ha observado un crecimiento constante en todo el mundo de este sistema de agricultura. Por ejemplo, de los últimos informes que se tienen noticia, del año 2013, se calcula que se obtuvieron de las ventas en Estados Unidos 40 billones de dólares, mientras que en Europa esta cifra alcanza casi  los 70 billones. De igual modo, el área de cultivo que usa el sistema orgánico ha crecido, se estima que en el mundo alcanza cerca de las 37 millones de hectáreas. Con base en esto, John P. Reganold y Jonathan M. Wachter del Department of Crop and Soil Sciences de la Universidad Estatal de Washington publicaron en la revista Nature plants, en febrero pasado, un artículo titulado “La Agricultura Orgánica en el siglo veintiuno” [2]. El objetivo de este artículo fue analizar el sistema de cultivo orgánico como una opción para la solución al problema de la creciente demanda de alimentos en el mundo pero, sobre todo, como una opción sostenible: 

“... examinamos el desempeño de la agricultura ecológica a la luz de 4 parámetros principales de sostenibilidad: productividad, impacto ambiental, viabilidad económica y bienestar social.”


Fig. 2| El mercado anual de los alimentos orgánicos en billones de dólares norteamericanos y el área de producción orgánica en millones de hectáreas cultivadas. Las barras en color rojo representan el mercado Norteamericano, las verdes el Europeo y las amarillas el resto del mundo. La línea azul hace referencia al área global de tierra orgánica. Para los años 1998-2000 no existen datos disponibles de las ventas anuales para Europa y Estado Unidos.

El concepto de agricultura orgánica comenzó a surgir a principios del siglo XX, impulsado por las ideas de Rudolf Steiner con su Agricultura Biodinámica. Más tarde, algunos de los conceptos de Rudolf serían llevados a Estados Unidos y el resto de Europa y el mundo, como nos platican Reganold y Wachter en su artículo:

“La agricultura orgánica fue establecida propiamente en los 1930s y 1940s, desarrollándose en Gran Bretaña por Lady Eve Balfour y Sir Albert Howard, en Suiza por Hans Mueller, en los Estados Unidos por J. I. Rodale y en Japón por Masanobu Fukuoka.”


Posteriormente, y con ayuda de las ideas del movimiento “hippie” la agricultura orgánica comenzó a aumentar en popularidad, lo cual motivó a desarrollar de “estándares de certificación” para esta práctica. En la actualidad, existen 283 organizaciones dedicadas a la certificación en 170 países [5]. Aún así, la certificación resulta ser uno de los primeros problemas a enfrentar para este sistema de cultivo pues como dicen los autores del artículo:

“Muchas granjas tanto en países desarrollados como menos desarrollados implementan prácticas orgánicas pero no están certificados como orgánicos.”

En el mundo aún no existen criterios unificados para la certificación de este tipo de cultivos y varían ligeramente entre los países. Sin embargo, como mencionan en el artículo existen ciertos criterios generales que son adoptados por la gran mayoría. Algunos de estos criterios poseen un fundamento científico pero otros son ideología:

“… en general están prohibidas la radiación, las aguas residuales, la ingeniería genética, el uso profiláctico de antibióticos, y prácticamente todos los pesticidas sintéticos y fertilizantes. Los estándares continúan evolucionando como los cambios en la tecnología y las condiciones socioeconómicas; algunos requerimientos están basados en la evidencia científica, mientras que otros están motivados por la ideología.”

Fig. 3| La agricultura biodinámica es un sistema de cultivo pseudocientífico. El sistema biodinámico sostiene que los astros como las constelaciones tienen efectos sobre los cultivos [3], además de afirmar que el uso de cuernos de vaca es capaz de concentrar la “energía” que más tarde puede ser utilizada en disoluciones de tipo homeopático en el resto del cultivo [4]. Otra de las críticas, tiene que ver con la certificación, la cual es expedida únicamente por la organización Demeter que concentra el monopolio de este tipo de agricultura, sin probar de manera científica las afirmaciones que sostiene. 
 
Transgénicos y la Agricultura Orgánica

El caso de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) o transgénicos es un buen ejemplo de políticas basadas en la ideología. En el libro “Organic Farming: An International History” editado por W. Lockeretz [1] donde nos relata la evolución de estas políticas, y específicamente dentro del la Fundación Internacional para la Agricultura Orgánica o IFOAM, por sus siglas en ingles, nos dice:

“En las normas básicas del IFOAM, los organismos genéticamente modificados (OGM) y sus derivados fueron excluidos en primer lugar porque sus riesgos no se conocían suficientemente. Más tarde (a finales de 1990), su uso fue prohibido por considerar que eran incompatibles con los principios orgánicos y fueron rechazados fuertemente por los consumidores de alimentos orgánicos.”

Como vemos, estas políticas prohibicionistas tienen una base en las ideologías y los principios que adoptan los consumidores, no en evidencia científica. Los opositores apelan a posibles daños aún no demostrados y prohíben indistintamente TODOS los OGM. Sin embargo, existen científicos quienes cuestionan la sujeción de estas prácticas a leyes estrictas que no están basadas en la ciencia. Por ejemplo, Klaus Ammann del Departamento de Biotecnología de la Universidad Tecnológica de Delft, Países Bajos, publicó en el año 2008 un artículo titulado “La agricultura integrada: por qué los agricultores orgánicos deben utilizar transgénicos” [6], donde nos dice al respecto:

“Dos informes [1*,2*] proporcionan una amplia visión de los factores negativos per se dentro de los sistemas de gestión agrícola orgánica e integral y cómo siguiendo reglas estrictas frecuentemente sin base en la ciencia, los sistemas de agricultura orgánica pueden conducir a decisiones equivocadas en la gestión y producción. Aún así, no se puede negar que hay numerosos informes científicos que demuestran también los aspectos positivos de la agricultura orgánica como han sido reconocido incluso por las demás revisiones crítica [3*, 4*]

Sin embargo, aún persiste la idea totalitaria tanto de los beneficios como de los riesgos de los transgénicos dentro de la agricultura, defendida tanto por los detractores como por los promotores de esta tecnología. Por otra parte, algunos científicos han estudiado estos riesgos y beneficios, proponiendo que la solución es estudiar caso por caso la utilización de los transgénicos en la agricultura orgánica o convencional. Es el caso de L. L. Wolfenbarger y P. R. Phifer miembros de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, que publicaron en la revista Science el artículo “Los riesgos ecológicos y beneficios de las plantas genéticamente modificadas” [7] donde nos dicen:

Ni los riesgos ni los beneficios de los OGM son ciertos o universales. Ambos pueden variar espacial y temporalmente sobre una base de caso por caso. Las comparaciones entres las prácticas transgénicas, convencionales y otras, tales como la agricultura orgánica, permitirán determinar los riesgos y beneficios relativos de adoptar a los OGM.”

El abandonar este tipo de restricciones tan rígidas y permitir la implementación de la tecnología transgénica, en ciertos casos donde se demuestren su beneficio, podría redundar en una mayor adopción dentro de los agricultores de las prácticas orgánicas.



Sostenibilidad 


El reto que se plantea para el futuro es el de alimentar a una creciente población, la cual podría alcanzar los 9 a 10 billones de personas para el 2050. Sin embargo, no es el único reto, aún más grande es el reto de alimentar a esa población con un sistema que sea sostenible. Sin embargo, primero es necesario definir qué se entiende por sostenible. Los investigadores Reganold y Wachter nos explican:

“Conforme a un reporte de la Academia Nacional de Ciencias Norteamerica [10*], cualquier granja, ya sea orgánica o convencional, sólo puede ser considerada sostenible si produce cantidades adecuadas de alimentos de alta calidad, mejora la base de los recursos naturales y el ambiente, si es financieramente viable, y contribuye al bienestar de los agricultores y sus comunidades.”

Fig. 4| Portada del libro "Agricultura Orgánica: Una historia internacional". En el libro se aborada la evolución de este sistema de cultivo a través de una serie de artículos editados por W. Lockeretz.


Producción

Los investigadores se dedican a analizar decenas de artículos que estudian el desempeño de los sistemas de agricultura orgánica frente al convencional, usando éstos cuatro criterios para medir su sostenibilidad. El primer aspecto analizado por los investigadores fue el de la producción. Desacuerdo a los estudios analizados:

“… el rendimiento promedio es 8 a 25% menor en los sistemas orgánicos.”

Esta es una de las principales desventajas del los cultivos orgánicos. Sin embargo, bajo ciertas condiciones de crecimiento, gestión de cultivos y determinados cultivos, la producción puede aumentar y aproximarse a la de los convencionales. Como señalan:

“…los mejores rendimientos de grupos de cultivo orgánicos o grupos de cultivo son el arroz, la soja, el maíz y gramíneas/trébol, las cuales producen 6 a 11% menos que con los sistemas convencionales; el rendimiento más bajo está en las frutas y el trigo, las cuales producen 28 y 27% menos, respectivamente.”

Los investigadores señalan que al momento de estudiar todos estos metanálisis hay que tener en cuenta que ninguno de los sistemas funciona igual en todos lados. De modo tal que, el aumento o diminución en la producción pueden deberse a condiciones específicas del lugar o de las condiciones medioambientales. Un ejemplo son los cultivos que padecen sequias; los investigadores señalan que se han reportado que los cultivos orgánico poseen un mejor desempeño debido a que los suelos cultivados orgánicamente poseen una mayor capacidad de retención de agua que les permite enfrentar mejor las sequias. Otro de los beneficios que señalan los investigadores es:

“Mientras los sistemas orgánicos producen menos alimento, los alimentos orgánicos tienen significativamente menos o ningún residuo de pesticidas sintéticos comparados con los alimentos producidos convencionalmente.”

La presencia de pesticidas en los alimentos es una de las preocupaciones principales de los consumidores de alimentos, especialmente en los niños que se encuentran en desarrollo. Sin embargo, los investigadores señalan que estas preocupaciones aún no son justificas del todo por las investigaciones:

“Aunque estos datos muestran que los alimentos orgánicos pueden presentar algunas ventajas claras cuando se trata de residuos de pesticidas sintéticos, los impactos de la exposición a pesticidas sobre la salud humana a partir de alimentos aún no son claros [26*]…”

Dentro de la producción, uno de los aspectos fundamentales es la calidad nutrimental de los alimentos obtenidos. Los investigadores señalan que en la actualidad existen 15 estudios en la literatura científica que comparan la nutrición de alimentos orgánicos y convencionales. Doce de los estudios encontraron alguna evidencia a favor de los cultivos orgánicos los cuales señalan que:

“…tienen una mayor concentración de vitamina C, antioxidantes totales y ácidos grasos omega-3 totales, y una mayor proporción de omega-3 a omega-6.

Aún así, los investigadores señalan que aún se debate si estos diferencias nutricionales son significativas o no. Los tres estudios restantes concluyeron que:

“…no había diferencias nutricionales consistentes entre los alimentos convencionales y los orgánicos. Sin embargo, uno de los tres estudios encontró que el pollo y el puerco convencional tienen un 33% riesgo mayor de contaminación con bacterias resistentes a los antibióticos comparados con la alternativa orgánica [26*].”
Medioambiente

El punto más fuerte de los cultivos orgánicos frente a los convencionales es el concerniente al medioambiente como señalan los investigadores:

“… ciertos estudios globales han encontrado que los sistemas de cultivo orgánico consistentemente tienen mayores niveles de carbono en el suelo, mejor calidad del suelo y una menor erosión, comparados con los sistemas convencionales.”

También, la mayor biodiversidad es uno de los beneficios de este sistema de cultivos, ya que:

“… las granjas orgánicas generalmente tienen más diversidad de especies vegetales, mayor diversidad de fauna (insectos, fauna y microbios del suelo, aves) y frecuentemente más diversidad de habitad y entorno.”

Lo cultivos convencionales tienen un gran problema al emplear grandes cantidades fertilizantes de nitrógeno y fósforo, ya que, las plantas sólo pueden fijar una pequeña cantidad de la que se les suministra. El resto del nitrógeno y  fósforo se filtra en el subsuelo hasta llegar a las reservas de agua dulce y, más tarde, a los ecosistemas marinos, lo cual conduce a la eutrofización (la eutrofización se presentan en ecosistemas o ambientes caracterizados por una abundancia anormalmente alta de nutrientes). La eutrofización de los ambientes tiene como consecuencia la producción de Zonas Hipóxicas (Las zonas hipóxicas son zonas del océano en las cuales las concentraciones de oxígeno son tan pequeñas que la vida animal se sofoca y muere).

Fig. 5| La zona muerta en el Golfo de México posee un área de 20 720 km2 [8]. Las primeras mediciones de esta zona se realizaron en 1985 y el crecimiento de la zona hipóxica está relacionado con los campos de cultivo. En la imagen se muestra en escala de colores la cantidad de oxígeno disuelto en el agua en miligramos por litro. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, NOAA, de los Estados Unidos obtuvo la imagen con la ayuda de satélites de la NASA. Las zonas en color rojo poseen una concentración menor a 0.50 mg/L mientras que las zonas verdes alcanzan hasta los 8 mg/L.

Economía

Si se desea establecer a la agricultura orgánica como un sistema viable y sostenible es necesario evaluar su desempeño económico global. Par ello, es necesario establecer cuáles son los factores que determinan su desempeño económico y compararlos con los de la agricultura convencional. Estos factores son:

“Los factores principales que determinan la rentabilidad de la agricultura orgánica incluye los rendimientos de los cultivos, la mano de obra y los costos totales…”

Sin embargo, sólo se conoce un estudio que analiza y compara el aspecto económico de la agricultura, titulado “Competitividad Financiera de la Agricultura Orgánica a escala mundial” [9] de David W. Crowdera del Departamento de Entomología y de John P. Reganoldb del Departamento de Cultivo y Ciencias del Suelo ambos de la Universidad del Estado de Washington. El artículo publicado el pasado Enero en la revista PNAS analiza:

“… el desempeño financiero de la agricultura orgánica y convencional durante 40 años de estudios, cubriendo 55 cultivos en cinco continente.”

El estudio encontró que los costos totales no fueron significativamente diferentes entre los dos sistemas comparados, pero los costos laborales fueron mayores (7 a 13%) con prácticas de cultivo orgánico. Si bien, uno de los logros principales de la agricultura convencional es la mayor producción con menos mano de obra, esta mano de obra extra necesaria en los cultivos orgánicos podría implicar un posible beneficio al ofrecer más empleos en zonas rurales.

Es bien conocido por los consumidores que los alimentos orgánicos tienen un costo mayor o sobreprecio respecto a los convencionales en el mercado. Los sobreprecios juegan un papel fundamental en el desempeño económico de la agricultura orgánica como se demuestra en el artículo y señalan los investigadores Reganold y Wachter que al incluir los sobreprecios dentro de los análisis [2], encontraron que:

“… la agricultura orgánica resultó ser significativamente más rentable (22 a 35%) mayor que los valores actuales netos) y tuvieron una mayor proporción costo/beneficio (20 a 24%) que la agricultura convencional.”

Dentro del análisis económico de la agricultura orgánica existen costos externos que no han sido investigados y siguen pendientes de ser incluidos dentro del análisis global. Todos los sistemas de cultivo tienen un costo en términos de medio ambiente que es necesario minimizar y beneficios que presta al medioambiente. Estos costos y beneficios medioambientales pueden ser traducidos en términos económicos e incluidos dentro del análisis. En el caso de la agricultura orgánica, la menor erosión del suelo y una menor filtración de nitrato en las aguas de subsuelo, aportan un beneficio financiero que aún no se ha tomado en cuenta, y de hacerlo, podría implicar un mayor beneficio financiero. Otros beneficios aportados por este sistema de cultivo son el control biológico de plagas, la formación de suelo y la mineralización de nutrientes vegetales y es necesario que próximos estudios los tomen en cuenta.

Bienestar

La investigación respecto al bienestar y la igualdad social (cuestiones de género, raza, etnia y clase) carecen de una amplia investigación. Esta limitada investigación impide determinar las diferencias entre los sistemas de cultivo orgánico y convencional. Sin embargo, algunos estudios apuntan a que:

“… las granjas orgánicas han mostrado tener algunas fortalezas socioculturales, tales como cambios positivos en el desarrollo económico de la comunidad, aumentando la interacción social entre agricultores y consumidores, y mayor empleo de granjeros y cooperación entre agricultores.”

La principal organización de certificación a nivel mundial, IFOAM, aboga por incrementar estos beneficios y estipula que es necesario para obtener la certificación que:

“… los agricultores orgánicos deben ser capaces de mantenerse a sí mismos y otros trabajadores con ingresos justos, mientras mantienen condiciones de trabajo seguras y dignas. Además, los animales con certificación orgánica deben ser criados bajo condiciones humanitarias que permitan la expresión de sus necesidades y comportamientos naturales.” 

Fig. 6| En la imagen de muestran las áreas de sostenibilidad analizadas en el estudio de Reganold y Wachter al comparar el sistema convencional con el orgánico. Los pétalos anaranjados representan áreas de producción; los pétalos azules representan áreas de sostenibilidad medioambiental; los pétalos rojos representan áreas de sostenibilidad económica; los pétalos verdes representan áreas de bienestar. En dirección de las manecillas del reloj, Calidad del suelo, Minimizar uso de la energía, Biodiversidad, Minimizar contaminación del agua, Rentabilidad, Costos totales, Servicios al Ecosistema, Empleo de Trabajadores, Reducción de la exposición de los trabajadores a pesticidas, Minimizar residuos de pesticidas, Calidad Nutricional y Rendimiento. La longitud de los pétalos está basada cualitativamente en los estudios analizados e indican su nivel de desempeño. La imagen ilustra que existe un mayor equilibrio en las cuatro áreas en los sistemas orgánicos. [2]

Problemas y Obstáculos de la Agricultura Orgánica

Los investigadores Reganold y Wachter señalan en su artículo que los principales obstáculos para adoptar el sistema orgánico se presentan en los países menos desarrollados, puesto que, son los países menos desarrollados los que tienen un menor acceso a subsidios directos e indirectos, así como a financiación necesaria para llevar a cabo la transición de un sistema convencional a uno orgánico. Nos dicen que:

“Algunos agricultores enfrentan obstáculos económicos y de infraestructura, los cuales incluyen costos de certificación y acceso al mercado, créditos y seguros. Muchas áreas, especialmente regiones rurales y países menos desarrollados, no tienen acceso a mano de obra adicional, mercados para alimentos orgánicos, infraestructura para el almacenamiento y distribución, requerimientos de certificación apropiados.”

La labor de los gobiernos es fundamental ya que de ellos depende fomentar o no los sistemas de cultivo, por medio de la implementación de políticas públicas que orienten el crecimiento de estos sistemas. Todas estas políticas y medidas deben estar basadas en el conocimiento científico con el que se cuenta. Este conocimiento debe ser proporcionado a los agricultores para que puedan tomar decisiones acertadas a la hora de implementar las diferentes prácticas. Los investigadores apuntan que:

“… los gobiernos deberían enfocarse en crear un ambiente apto para el desarrollo y la adopción no sólo de orgánicos sino también de otros sistemas de cultivo más sostenibles e innovadores [88*]. Estos esfuerzos deben estar dirigidos a mejorar el desempeño agrícola en las cuatro áreas de sostenibilidad y requerirán de una diversidad de instrumentos políticos, legales, financieros y basados en el conocimiento.”
No es sólo un problema de producción

Reganold y Wachter sostienen que el reto de alimentar a la creciente población no sólo es un problema de producción, es también un problema de distribución de alimentos y de acceso igualitario, además de un problema de desperdicio de alimentos:

“Algunas veces se excluye de estos argumentos el hecho que ya se producen cantidades de kilocalorías adecuadas de los alimentos más que suficientes para alimentar al mundo pero no se proporciona un acceso adecuado a todos los individuos [82*].”

Aunado a esto, está el costo ambiental, como dicen los investigadores:

“… aunque el rendimiento es un parámetro importante de sostenibilidad, el asunto es más complicado que los kilogramos de alimentos por unidad de hectárea. Los sistemas generales de cultivo convencional han proporcionado crecientes suministros de alimento y otros productos pero frecuentemente a expensas de las otras tres metas de sostenibilidad.”

Todos estos problemas que surgen después de la generación de los productos alimenticios deben ser también analizados y resueltos si se quieren solucionar el problema de la alimentación mundial. Algunos de estos problemas están totalmente fuera de la discusión sobre cuál sistema de agricultura es necesario impulsar y son más bien políticas integrales que toman en consideración la complejidad de un problema.

Un cambio de discurso

Después de 40 años el discurso del encargado de la política de agricultura en los Estados Unidos ha cambiado. Ahora, Tom Vilsack secretario de Agricultura afirma:

“La agricultura orgánica es uno de los segmentos de crecimiento más rápido de la agricultura Americana y ayuda a los agricultores a recibir un mayor precio por sus productos mientras se esfuerzan en satisfacer la creciente demanda de los consumidores.”[10]

Fig. 7| El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, escucha a Tom Vilsack durante una declaración en la casa blanca.

Sin embargo, los investigadores son consientes de la necesidad de adoptar múltiples medidas. Y que el problema de la alimentación no se solucionará con un único sistema de agricultura, aún cuando éste sea el de la agricultura orgánica. Nos dicen:

“A pesar de que la agricultura orgánica tiene un potencial rol no explotado en la seguridad del ecosistema y la alimentación mundial, ningún sistema de agricultura por si sólo alimentará de forma segura el planeta. Más bien, un mezcla de sistemas de agricultura orgánicos y otras invocaciones, incluyendo la agroforestería, la agricultura integrada, la agricultura de conservación, cultivos mixtos y ganadería, y sistemas aún sin descubrir, serán necesarios para la futura seguridad del ecosistema y la alimentación global.”

Por último, los investigadores nos señalan acertadamente que:

“Sólo porque una agricultura es orgánica no significa que es sostenible.”

Esta frase resume el problema del futuro que se nos plantea. Buscar sistemas de cultivo que alimenten de manera adecuada a la población, pero que sean sostenibles y aprovechen todas las tecnologías disponibles, abandonando prejuicios e ideologías.

Referencias 

1. Henning, John C. "Organic Farming: An International History." European Review of Agricultural Economics (2009): jbp005.
2. Reganold, John P., and Jonathan M. Wachter. "Organic agriculture in the twenty-first century." Nature Plants 2 (2016): 15221.
3. http://www.biodinamica.es/meteorologia.html
4. http://www.biodinamica.es/preparados.html
5. Willer, H. & Lernoud, J. (eds) The World of Organic Agriculture: Statistics and Emerging Trends 2015 (FiBL-IFOAM, 2015).
6. Ammann, Klaus. "Integrated farming: why organic farmers should use transgenic crops." New Biotechnology 25.2 (2008): 101-107.
7. Wolfenbarger, Laressa L., and Paul R. Phifer. "The ecological risks and benefits of genetically engineered plants." Science 290.5499 (2000): 2088-2093.
8. Rabotyagov, Sergey, et al. "Least-cost control of agricultural nutrient contributions to the Gulf of Mexico hypoxic zone." Ecological Applications 20.6 (2010): 1542-1555.
9. Crowder, D. W. & Reganold, J. P. Financial competitiveness of organic agriculture on a global scale. Proc. Natl Acad. Sci. USA 112, 7611–7616 (2015).
10. Office of Communications Agriculture Secretary Vilsack unveils vision for US organic agriculture. USDA News Release No. 0096.13 (2013); www.usda.gov/wps/portal/usda/usdamediafb?contentid=2013/05/0096.xml&printable=true

Referencias de los artículos citados 

1*. Trewavas, A. (2001) Urban myths of organic farming. Nature 410, 409–41057–781
2*. Trewavas, A. (2004) A critical assessment of organic farming-and-food assertions with particular respect to the UK and the potential environmental benefits of no-till agriculture. Crop Protect. 23, 7
3*. Avery, A. (2006) The Truth About Organic Foods: Henderson Communications (1st edition), L.L.C.
4*. Taverne D. (2007) The March of Unreason: Science, Democracy, and the New Fundamentalism
10*. National Research Council Toward Sustainable Agricultural Systems in the 21st Century (The National Academies, 2010).
26*. Smith-Spangler, C. et al. Are organic foods safer or healthier than conventional alternatives? Ann. Intern. Med. 157, 348–366 (2012).
82*. Food and Agriculture Organization FAO Statistical Pocketbook 2015: World Food and Agriculture (FAO, 2015).
88*. UNCTAD Trade and Environment Review 2013 (United Nations Publication, 2013).

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